¿Eres esclava de la dieta?

La dieta… ¿cuántas no nos hemos hecho esclavas de ella en busca del “cuerpo perfecto”? o cuántas no hemos condicionado o pospuesto nuestra felicidad hasta que llegue ese glorioso momento en que podamos lucir ese bonito traje de baño, el tener ese cuerpazo de impacto y conquistar a Fulanito, decirle adiós a esas lonjitas o que tengamos el abdomen de lavadero que TANTO esperamos. Yo soy una de ellas y … ¡me declaro culpable!

Hoy en día la sociedad, las revistas, los medios de comunicación dictan la forma en la que “debemos” vernos, sin pensar que allá afuera hay un y mil tipos de cuerpo y que para algunas no nos es posible lucir cual modelo de Victoria’s Secret.

Para muchas mujeres el obtener reconocimiento mediante el aspecto físico juega un papel muy importante para su satisfacción, para su autoestima. Y desgraciadamente en busca de alcanzar ese “peso ideal” hacemos ajustes en nuestra alimentación, hacemos la muy temida dieta, que para muchas de nosotras es la peor enemiga.

Una vez que se llega a la meta, nos sentimos seguras, confiadas y alcanzamos ese bienestar, aumenta nuestra autoestima, porque entonces ya es algo alcanzable y conquistable, sin embargo como en toda guerra, cada día es una batalla que requiere esfuerzos y sacrificios para poder mantener lo que ya hemos ganado, o sea, el  peso ideal.

Y el problema radica en que la dieta se vuelve ese monstruo dentro de tu cabeza, y esto es lo que el dichoso monstruo te promete: “Si me sigues y te niegas todos tus antojos, y tus gustitos, finalmente tendrás ese cuerpo que tú sueñas. Pero ten cuidado, tienes que hacer exactamente lo que te estoy diciendo o no lo lograrás… no lo arruines. Recuerda que esto lo estás haciendo por ti, confía en mí y tendrás tu final feliz. lo prometo”

Recuerdo que mientras estaba a dieta (O sea como 5 años de mi vida) literalmente me sentía esclavizada. Si lo arruinaba y me comía un chocolatito o cualquier cosa fuera de mi plan que yo considerara mala,  el monstruo en mi cabeza me hacia sentir apenada, culpable, me reclamaba el que lo haya echado a perder, pero la cosa es que no tenia piedad en sus palabras.

Estaba pasando por mi vida un huracán de ideas, pensamientos, preocupaciones poniendo toda mi vida de cabeza, no sabía ni a donde iba, por donde irme y a donde quería llegar (Sigue ahí, pero ya bajó una categoría). Hasta que llegó ese día, el día que tuve un pequeño accidente que me hizo enfrentarme a uno de mis peores miedos, subir de peso. Me hizo enfrentarlo y darme cuenta que no me iba a morir si subía unos kilos, o si perdía masa muscular, que esto va más allá de algo estético.

No voy a olvidar ese día, estaba más preocupada porque no iba a poder seguir entrenando 6 días a la semana durante 2 horas y  seguir mi dieta que por mi salud. No voy a olvidar a esa Ximena llorando porque ya no quería sentirse esclavizada … en realidad nadie me lo diagnóstico pero pienso que sí es un desorden alimenticio. Quería ser libre, pero sabía que esa libertad no iba a venir tan fácil, no encontraba de donde sacar las fuerza, sabía que yo era mí propia enemiga, que tenia que ir en contra de mi misma dejando de lado mis ideas y lo que erróneamente creía que era lo correcto.

Me sentía perdida en mis pensamientos, en mi desorden, sentía que no pertenecía a ningún lugar, pero dicen que a veces tenemos que perdernos para así podernos encontrar a nosotros mismos. Aún sigo en mi búsqueda y me encuentro un poco desesperada porque aún no me encuentro del todo y sé que tomara tiempo.

Hasta ahora aprendí que mi cuerpo es mi templo, es el espacio físico donde habito yo y sí … tengo que cuidarlo. Pero lo más importante de esa casita es quien vive ahi, yo sola le estaba haciendo daño al reclamarle, al hacerla menos, al valorarla más por la forma en la que luce, que por quien es.

Es importante ALIMENTARME, alimentar mi cuerpo, mi mente, mi alma pero con cosas positivas.

♥ Alimentar mi cuerpo con lo necesario de lo correcto, elegir sanamente. Ser flexible y darme mis gustos, poder disfrutar de vez en cuando el arroz con leche que me hace mi mami, de las galletas que me hace mi sobrino, de comer sin culpa una rebanada de mi pastel de cumpleaños.

♥Alimentar mi mente con pensamientos bonitos, concentrarme en mis pequeños logros del día a día. Aprender a discernir entre lo que me hace bien y lo que te daña.

♥Alimentar mi alma con amor, poner en prioridad a esas personas que me aman, que están ahi para mi. Dejar de poner pretextos para no ir a reuniones porque sé que voy a tener que comer, cancelar o posponer porque tengo que ir al gimnasio. No pasa nada si un día me doy permiso de comerme un heladito y compartirlo con alguien especial.